Nuestra demanda de energía sigue creciendo, en concreto con vistas a la obtención de petróleo y gas de bajo coste, combustibles que han constituido la base sobre la que se ha desarrollado casi la totalidad de nuestras comunidades en el transcurso del siglo pasado.
El aumento de la población, el desarrollo económico y los cambiantes patrones de consumo son indicativos de que la demanda de energía seguirá creciendo en el futuro.
Además, hoy en día, cerca de 1,6 billones de personas no tienen acceso a la electricidad y más de 2 billones de personas se ven obligadas a quemar madera, plantas y desechos animales para cocinar y para protegerse del frío. La población con pocos recursos económicos también precisa de más energía saludable, fiable y sostenible.
El suministro de energía depende y tiene un impacto en los ecosistemas naturales, como por ejemplo bosques, océanos y ríos.
Por descontado, se tiene constancia de este problema en el ámbito mundial y la mayoría de las sociedades están inmersas en el proceso de sustituir el uso exclusivo del petróleo y el gas como combustibles en favor de una combinación más variada de fuentes de energía. Nuevas y emergentes tecnologías energéticas como el carbón limpio y fuentes de energía alternativas, como por ejemplo el viento, el sol, las mareas, el calor interno de la Tierra y la bioenergía pueden jugar un papel en esta cuestión.
Necesitamos soluciones que reduzcan drásticamente las emisiones de carbono sin dejar de proporcionar una energía segura, fiable y de bajo coste respetando la biodiversidad natural.





