Adaptación con rostro humano

19 June 2012 | News story

En Mesoamérica, la necesidad de adaptarse a los impactos del cambio climático es cada vez más evidente, pues los medios de vida de las personas están siendo afectados. Para muchos es un asunto de sobrevivencia. En este artículo se muestra cómo jóvenes mesoamericanos, residentes de zonas costeras viven y se adaptan al cambio climático.

Rosa Miriam Sandoval es una mujer salvadoreña, de 29 años, habitante de la comunidad de Desagüe de Güija, ubicada en la frontera entre su país y Guatemala. Ella y su familia viven de la pesca y la agricultura. Para ella el cambio climático ya se siente en su día a día, cuando llegan las inundaciones y disminuye la pesca. “El año pasado, entre septiembre y octubre, nos inundamos y la cosecha de frijol se perdió. Además la pesca estuvo muy mala pues el río se llenó de sedimentos. Lo pasamos mal. Prácticamente hasta hace un mes, la pesca volvió a la normalidad”, comentó.

El joven Mynor Bastista, vecino de la comunidad de La Gomera, Municipio de Escuintla, en la costa pacífica guatemalteca, también es pescador. Para él, el cambio climático es responsable de que su oficio se vuelva más duro y tenga que arriesgar su vida. “Debido a esto, las mareas se han vuelto más fuertes, hay más oleaje, y los peces se han alejado de la costa. Para pescar tenemos que ir cada vez más adentro en el mar y por periodos más largos; esto lo hacemos en una lancha pequeña, por lo que el riesgo de naufragar y de ahogarnos es más alto”, agregó.

Para Erick Isaacs, vecino de la comunidad de San Juan del Norte en Nicaragua, cerca de la frontera con Costa Rica, el cambio climático también golpea sus medios de vida, ligados a la agricultura y pesca, pues “ahora en el mes de junio que tenía que llover pero resulta que es verano; cuando llueve, hay demasiada lluvia, entonces los ríos arrastran mucho sedimento, el mar se ensucia y los peces se alejan”, explicó. 

Ellos son parte de un grupo de jóvenes mesoamericanos que se reunió en Costa Rica el 7 y 8 de junio para participar en el Taller Agua, Cambio Climático y Zonas Costeras: Implicaciones para los jóvenes de comunidades de pesca artesanal en Centroamérica y México. Esta actividad fue posible gracias al proyecto “Gestión del agua para la adaptación”, ejecutado por la Oficina Regional para Centroamérica, México y el Caribe y el Centro de Derecho Ambiental de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), con el apoyo del Ministerio Federal del Medio Ambiente, la Conservación de la Naturaleza y la Seguridad Nuclear (BMU) de Alemania. El taller se coordinó con la Comisión para el Ambiente, la Economía y Política Social (CEESP) de la UICN, y la Cooperativa Autogestionaria de Servicios Profesionales para la Solidaridad Social R.L, de Costa Rica (CoopeSolidar).

La meta del taller consistió en fortalecer la posible participación de los jóvenes en el Congreso Mundial de la UICN (Septiembre de 2012, Jeju, Corea del Sur), capacitándoles en diferentes temas relacionados con Cambio Climático, y preparando su participación para el Café del Conocimiento “Gobernanza Marina: Reflexiones sobre conservación, derecho de acceso al mar y resiliencia social y cultural” , evento organizado por CoopeSoliDar R.L. con el apoyo de CEESP, CEESP Jóven y la Oficina Regional para Mesoamérica y el Caribe de UICN (ORMA). Los jóvenes fueron nominados para participar en este proceso por las siguientes organizaciones: Asociación para la Cooperación Rural de África y América Latina (ACRA –Nicaragua), Comité para la Defensa y Desarrollo de la Flora y Fauna del Golfo de Fonseca (CODDEFFAGOLF-Honduras), Cooperativa de Pescadores de Tárcoles (CoopeTárcoles R.L.-Costa Rica), la Federación de Pesca Artesanal de Guatemala (FENAPESCA), y la Federación de Pesca Artesanal de El Salvador (FACOPADES).

Adaptándose para sobrevivir

Para Gamaliel García Alvarado, un joven agricultor y pescador del ejido Brisas del Mar, en la desembocadura del río Cahoacán, ubicado en Chiapas, México, adaptarse al cambio climático consiste en modificar las costumbres y los medios de vida a la realidad traída por dicho fenómeno. “Nosotros ya nos estamos adaptando. Por ejemplo, antes sembrábamos en mayo pero ahora lo hacemos en abril, pues en mayo llueve demasiado. Antes cosechábamos en octubre, ahora lo hacemos en noviembre”, explicó. 

En San Juan del Norte de Nicaragua, la estrategia de adaptación consiste en diversificar las actividades económicas, Erick Isaacs, explicó que por un lado están introduciendo el cultivo del cacao, entre su actividad agrícola, pues es más resistente a la variabilidad climática, “además puede ser planteado sin deforestar el bosque” agregó, pero también comentó que están buscando otras formas de generar ingresos, como el turismo rural comunitario.

Para Franklin Obet Gómez, miembro del Comité para la Defensa y Desarrollo de la Flora y la Fauna en el Golfo de Fonseca, la adaptación al cambio climático es un asunto de sobrevivencia, “cuando no hay pesca, no salimos, pero estamos pendientes de lo que sucede en el mar. Si alguien pesca algo entonces salimos al día siguiente. Pero esto para nosotros es un problema muy serio, sabemos que tenemos que adaptarnos y buscar otras maneras de vivir. El problema es que nuestra actividad está muy ligada al mar”, explicó.

Adaptación basada en ecosistemas

Los casos anteriores evidencian la necesidad que se vive en Mesoamérica por adaptarse al cambio climático. Por esta razón, la UICN promueve el enfoque conocido como adaptación basada en ecosistemas, el cual consiste en la utilización de la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas como parte de una estrategia más amplia de adaptación. Su propósito es mantener y aumentar la resiliencia, así como reducir la vulnerabilidad de los ecosistemas y las personas a los impactos del cambio climático. Algunos ejemplos de adaptación basada en ecosistemas son los siguientes:

• Manejo de ecosistemas costeros para reducir inundaciones durante marejadas. Los manglares, ciénagas salinas y otros tipos de vegetación costera proporcionan una infraestructura natural que reduce, tierra adentro, los impactos derivados de la energía del oleaje, actúa como una barrera para detritos y reduce la erosión costera. Por ejemplo, como medida de adaptación para las comunidades costeras de la zona baja del río Paz en Ahuachapán en El Salvador, se está desarrollando una estrategia de conservación para el manglar de Garita Palmera. Esto incluye la realización de un diagnóstico preliminar del estado del manglar y el inicio de un proceso de sensibilización y capacitación de los pobladores de la zona, para poner en marcha un sistema comunitario de vigilancia ambiental en el manglar. Además, se trabaja con la Mesa Técnica para la recuperación de la zona de Ahuachapán para incluir la protección de los manglares como parte de la estrategia de recuperación de la zona, tras la tormenta tropical 12E. 

 • Manejo de tierras agrícolas con la utilización de conocimientos locales sobre cultivos específicos y variedades de ganado, aplicación de enfoques de manejo integrado de recursos hídricos y conservación del mosaico de paisajes agrícolas para asegurar el abastecimiento de alimentos en condiciones climáticas locales cambiantes y erráticas.

• Manejo de tierras altas y cuencas para asegurar que el almacenamiento de agua y los servicios de regulación de inundaciones sean maximizados a través del mantenimiento y mejoramiento de los humedales y de las cuencas de ríos y su vegetación.

Por Fabio Víquez

Más información:
www.uicn.org/aguayadaptacion

Marta C. Pérez de Madrid Utrilla    MartaClaudia.PEREZ@iucn.org
Oficial – Unidad Medios de Vida y Cambio Climático

Melissa Marín    Melissa.MARIN@iucn.org
Asistente técnica - Unidad Medios de Vida y Cambio Climático