En busca de un parque para la paz

Luego de ser aprobada, la moción 60 de UICN que pretende el establecimiento de un parque transfronterizo para la paz entre Honduras y Nicaragua, deja la vía libre para generar una nueva área protegida que integre la gestión de los ecosistemas y brinde medios de vida a poblaciones locales en condiciones de vulnerabilidad.

elaine_square.jpg Photo: IUCN

Para la mayoría de las personas la historia del padre Fabreto puede resultar desconocida, sin embargo, la acción de un misionero que llegó a la frontera entre Nicaragua y Honduras en pleno conflicto armado en Centroamérica en la década de los 80, resultó evolucionar en una fundación que por medio de los miembros de la UICN, ha logrado abrir un trecho para alcanzar el establecimiento de un área protegida para la paz, donde una vez, hace más de 20 años, eran alimentados y hospedados niños huérfanos de la guerra que perdían a sus padres en combates fratricidas.

La organización miembro estadounidense, Centro de Estudios Ambientales de Pace University, tuvo una acción relevante en la redacción, construcción y seguimiento de esta moción, sin embargo, su fundamento parte del mismo corazón de la zona geográfica, un área transfronteriza compuesta de bosques mixtos, robledales y bosque nuboso que es un nodo de unión de cuatro áreas protegidas: el Área Natural Protegida La Botija y el Cerro Guanacaure , en Honduras, así como Tepesomoto-La Patasta y el Cañon Somoto, en Nicaragua.

Lo que se busca, según Elaine Hsiao, quien pertenece al Centro de Estudios Ambientales de Pace University, es lograr establecer un área comanejada entre los dos países y en el cual se involucren las comunidades, líderes locales, autoridades locales, agencias gubernamentales y organizaciones ambientales a favor de la adecuada gestión de los ecosistemas y la promoción de medios de vida sustentables.

Muchas tierras boscosas situadas en esta zona tienen un alto valor por los bienes y servicios ambientales que brindan a ciudades populosas tanto en Managua, Nicaragua como en Tegucigalpa en Honduras, debido a que aquí inician los tributarios de ríos como el Coco y Nega que llevan agua tanto a la vertiente atlántica como a la costa pacífica.

La Fundación Fabreto ha estimado y demostrado la viabilidad ambiental y económica de establecer en ésta área sistemas de pago por servicios ambientales y establecerla como un área de uso múltiple que permita un aprovechamiento sostenible de los ecosistemas asociados.

Actualmente existe un borrador de convenio para cooperar en ésta zona y buscar la manera de manejar participativamente el ecosistema y brindarle a las comunidades locales la oportunidad de tener un papel relevante en el liderazgo de la gestión de esta zona.

Actualmente, pese al valor natural del área, aún la zona afronta importantes riesgos para su sostenibilidad tales como la tala ilegal, la ampliación de la frontera agrícola, la segmentación de la cobertura y por ende la pérdida de conectividad, así como la contaminación de la cuenca alta. A partir del establecimiento del parque se espera implementar acciones para impulsar la forestería comunitaria, y el establecimiento de alternativas económicas para mujeres.



Un parque que piensa localmente

Elaine Hsiao, del Centro de estudios Legales Ambientales de la Universidad de Pace, en los Estados Unidos, explica el vínculo entre el establecimiento de esta área protegida y el mejoramiento de la calidad de vida de las personas locales.

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