Las presiones sobre los recursos de agua y tierra han afectado a ecosistemas y especies en las cuencas, lagunas, ríos, humedales y zonas costeras. La fragmentación por represas, el drenaje de humedales, la deforestación, los cambios en el uso de suelo y la contaminación son manifestaciones claras de estas presiones.

Millones de personas dependen de los servicios ecosistémicos provistos por las cuencas: ríos, lagunas, humedales, sistemas de agua subterránea y las cuencas altas proveen servicios ecosistémicos críticos que muchas veces son vitales para las comunidades, sociedades y economías. En particular los ecosistemas de agua dulce son extremadamente productivos y por eso toman gran parte de los niveles mínimos de subsistencia, especialmente de las poblaciones rurales pobres. Los servicios ecosistémicos contribuyen directamente al mantenimiento de la salud humana, en particular de la gente más pobre.

Varios de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) están relacionados directamente con el manejo del agua; alcanzar los objetivos de salud, reducción del hambre, suministro de agua y saneamiento; y, biodiversidad necesita en todos casos intervenciones de manejo de agua. Entonces invertir en la gestión hídrica puede contribuir de manera directa a algunas de las metas. Existe la necesidad de un vínculo más directo del papel de los servicios ecosistémicos con la agenda de los ODM.

El Enfoque Ecosistémico en la gestión del agua complementa la filosofía actual de Gestión Integrada de Recursos Hídricos, que se puede resumir en los siguientes principios:

  1. Equidad: la gestión del agua promueve la distribución equitativa de los costos y beneficios del uso y manejo de los recursos hídricos, y tiene como meta explícita aliviar la pobreza y crear una balanza entre géneros;

  2. Eficiencia: la gestión promueve el uso más eficiente y refleja el valor total del recurso, incluyendo valores de mercado, ecosistémicos y socioculturales;

  3. Sostenibilidad: el régimen de gestión del agua es autónomo y se adapta fácilmente a condiciones cambiantes;

  4. Legitimidad: las instituciones de gestión del agua tienen una base legal sana y sus decisiones y acciones se muestran legítimas y honestas por parte de todos los actores;

  5. Responsabilidad: las políticas y su práctica, los papeles y las responsabilidades conducen a usos eficientes, honestos y legítimos de los recursos hídricos y los diferentes actores son responsables de sus acciones;

  6. Descentralización: la toma de decisiones se hace al nivel más apropiado, considerando el poder y los recursos necesarios para implementar estas decisiones;

  7. Participación: todos los actores tienen la oportunidad de participar en las decisiones sobre la planificación y la gestión de los recursos hídricos y de estar involucrados en la solución de los conflictos del agua.